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El uso legítimo y los derechos de autor

02 - Noviembre - 16

El ‘Fair Use’ es una doctrina estadounidense que aclara dudas sobre lo que se puede y no se puede hacer en materia de uso de obras de terceros.

Poder Digital

La tecnología y los formatos digitales les han facilitado la vida a los seres humanos en casi todas las actividades que desempeñan a diario. Lamentablemente, también facilitan alguna acciones que incluso son ilegales, como la piratería.

Aunque las personas defienden el derecho al libre acceso a la información, muchas veces los límites relacionados con su reproducción y distribución no están claros, y terminan siendo ‘acomodados’ a interpretaciones legales. 

Por otra parte, las leyes que protegen los derechos de autor suelen estar respaldadas por acuerdos internacionales que amplían su cubrimiento, pero también tienen particularidades en cada país.

Es el caso del concepto de ‘Fair Use’ (traducido como Uso Legítimo, Uso Racional o Uso Justo), que si bien forma parte específicamente de las leyes de Estados Unidos, es una buena guía para determinar algunos límites al usar material ajeno (en otros países hay normas similares que se conocen como Trato Justo). Y teniendo en cuenta que muchos de los servicios digitales líderes en el mundo tienen su origen en ese país, no está de más conocer a qué se refiere. 

El ‘Fair Use’ contempla cuatro aspectos fundamentales para determinar si el uso de material protegido por derechos de autor es legal o no, que YouTube explica –en resumen– de la siguiente manera:

  • Propósito y carácter: si el material se usa con fines educativos o críticos, es menos susceptible de estar violando las leyes que si se usa con fines comerciales. Claro, esto no quiere decir que sea legal piratear una película con la excusa de que el objetivo es que ‘la gente pueda criticarla’.
  • Naturaleza del material original: las obras de ficción o en las que la creatividad del autor es manifiesta gozan de mayor protección que aquellas que registran hechos reales o que están al alcance de todo el mundo. Pero cuidado, que hay eventos públicos reales que tienen derechos de distribución (como los Juegos Olímpicos o el Mundial de Futbol).
  • Cantidad de la obra original usada: tomar pequeños fragmentos es mejor visto que copiar una obra o una pieza completa. Pero esos pequeños fragmentos no pueden ser el núcleo de la obra original (como el párrafo del libro donde se da la clave para hacerse rico en un día).
  • Efecto sobre el valor o mercado del original: si el uso de la obra por parte de un tercero no autorizado afecta su valor comercial o su potencial para distribuirse en el mercado, no se está haciendo un uso legítimo o racional de ella (como sucede con los libros y películas piratas que se venden en los semáforos, puestos callejeros o por internet).

Hay personas o medios que piensan que citar el nombre del autor o del propietario de los derechos de una obra siempre es suficiente para reproducir los contenidos de manera legal; otros creen que hay normas que les dan derecho a copiar 30 segundos de un video sin infringir la ley; algunos más sostienen que el pirata es el que copia la película o el que fotocopia el libro, pero que si a ellos les regalan una copia ilegal no tienen responsabilidad. 

Pero resulta que no. Lo mejor para evitar líos con los propietarios de los derechos de una obra es leer las limitaciones (que habitualmente están publicadas en el mismo medio de distribución, sea un libro, una canción, una película o una obra gráfica) o entrar en contacto con ellos si aún quedan dudas al respecto.

* Recuerde que el ‘Fair Use’ y otras normas similares son una guía interesante para determinar la legitimidad de sus acciones relacionadas con el uso de material protegido por derechos de autor, pero que su validez legal se limita a Estados Unidos o al país donde se promulgan. 

Con información de: