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Cuatro datos curiosos de Gabriel García Márquez

16 - Marzo - 22
Gabriel García Márquez sostiene rosas amarillas. Las consideraba inspiración y buena suerte.
#CronicandoconGabo
Gabriel García Márquez sostiene rosas amarillas. Las consideraba inspiración y buena suerte.

‘Gabo’, como lo llamaban sus amigos, fue un ser humano supersticioso, que enfrentó crisis económicas y que abandonó sus estudios para perseguir sus sueños

Cuando se habla de Gabriel García Márquez, sin duda, a la mente llegan títulos como El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada y Cien años de soledad; el libro que lo hizo merecedor del Premio Nobel y del cual nos sentimos orgullosos los colombianos. Pero más allá de sus reconocimientos y el aporte que hizo a la literatura hispana, ‘Gabo’, como lo llamaban sus amigos, fue un ser humano supersticioso, que enfrentó crisis económicas y que abandonó sus estudios para perseguir sus sueños. Acá cuatro datos curiosos de la vida del ‘padre’ del realismo mágico.

1. Su obra cumbre, Cien años de soledad, la escribió en medio de una crisis económica: El escritor vivía en México junto a su esposa, Mercedes Barcha. Corría el año de 1967 y las finanzas de la familia no iban bien. "Sin Mercedes no habría llegado a escribir el libro. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos seis meses. Pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada. Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera: inclusive de traerme cada cierto tiempo quinientas hojas de papel. Nunca faltaron aquellas quinientas hojas” contó Gabo en El Olor de la Guayaba.

Enviar el libro a la editorial fue otra odisea que sortearon en medio de la escasez económica. Mercedes empeñó parte de sus joyas y los electrodomésticos de la casa para pagar el envío a la editorial.

En una entrevista Gabo afirmó: "Eran 700 páginas. Entonces lo pesaron y dijeron que costaba 83 pesos de México a la Argentina, y Mercedes me dijo: no tenemos sino 45. Mira es muy fácil: partí el libro por la mitad y le dije: 'péseme este libro hasta 45 pesos'. Pesaron hasta 45 pesos y estaban las hojas como quien corta carne. Cuando llegó a 45 pesos agarré esas hojas, las envolví y las mandé y nos quedamos con el resto.

Entonces nos fuimos a la casa y Mercedes sacó lo último que faltaba por empeñar, que era el calentador que yo usaba para escribir, porque yo puedo escribir en cualquier circunstancia menos con frío, el secador que usaba para la cabeza y la batidora. Se fue con eso al Monte de Piedad y le dieron unos 50 pesos. Regresamos con el resto de la novela al correo, la pesaron y dijeron: Cuesta 48 pesos. Mercedes pagó sus 50 pesos, le dieron 2 vueltos y yo me di cuenta de que cuando salimos del correo estaba verde del encabronamiento y me dijo: 'Ahora lo único que falta es que esta novela sea mala”, recordó Gabo entre risas.

García Marquéz se sorprendió gratamente con la primera edición de su libro. Se publicaron ocho mil ejemplares, que se agotaron en quince días, seguido a eso, se publicaron diez mil más, cifra que se multiplicó rápidamente a causa de la demanda del libro en América. Cien años de soledad fue ganadora del premio Nobel de literatura en 1982 y ha sido traducida a 49 idiomas.

2. Por presión de sus padres, en 1947 se inscribe en la Universidad Nacional de Colombia para estudiar Derecho. Alternaba su tiempo de forma en que le quedara tiempo para escribir. El mismo año que inició sus estudios en leyes publicó su primer cuento titulado La tercera resignación, el 13 de septiembre de 1947, en la separata de fin de semana del diario El Espectador. En 1948 le proponen hacer una columna diaria en el periódico El Universal de Cartagena, ese mismo año García Márquez decide dejar sus estudios para dedicarse a las letras.

3.El amor por las flores amarillas lo aprendió de su abuelo materno, el coronel Nicolás Márquez. Para él eran un símbolo de la buena suerte, por eso nunca le faltaban en su escritorio, ni en su casa y en diferentes ocasiones las usaba en la solapa de sus vestidos. “Mientras haya flores amarillas nada malo puede ocurrirme. Para estar seguro necesito tener flores amarillas (de preferencia rosas amarillas) o estar rodeado de mujeres”, dijo alguna vez el autor.

4.Tenía una entrañable amistad con la cantante Shakira, ella escribió las canciones ‘Hay amores’ y ‘La despedida’, como parte de la banda sonora de la película `El amor en los tiempos del cólera'.

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