Internet sí sería adictivo

22 - Junio - 17

Un estudio de la Universidad de Swansea (Inglaterra) sugiere que quienes navegan con mucha frecuencia experimentan reacciones fisiológicas cuando dejan de hacerlo de repente y por varios días.

Ciberdependencia

La investigación demuestra que algunas personas que los ciberdependientes experimentaron cambios fisiológicos significativos, como el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial cuando terminaron de usar Internet. Estos usuarios tuvieron aumento de entre 3 y 4% en la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Aunque este aumento no fue suficiente para poner en peligro la vida, tales cambios podrían estar asociados con sentimientos de ansiedad y con alteraciones en el sistema hormonal que pueden reducir las respuestas inmunes.

"Sabemos desde hace tiempo que las personas que dependen excesivamente de los dispositivos digitales reportan sentimientos de ansiedad cuando se les impide usarlos, pero ahora podemos ver que estos efectos psicológicos van acompañados de cambios fisiológicos reales", dijo el profesor Phil Reed, de la Universidad de Swansea.

El estudio también sugirió que estos cambios fisiológicos y los aumentos acompañantes de ansiedad indicaban un estado de abstinencia visto en sustancias como el alcohol y la heroína. Estas consecuencias pudieron ser responsables de que algunas personas volvieran a usar sus dispositivos digitales para reducir estos sentimientos desagradables.

Reed explicó además que el crecimiento de los medios de comunicación digitales estaba alimentando el aumento del uso de Internet, especialmente para las mujeres. “Ahora hay una gran cantidad de pruebas que documentan los efectos negativos del uso excesivo en la psicología de la gente, la neurología, y ahora, en este estudio, en su fisiología. Teniendo en cuenta esto, tenemos que ver una actitud más responsable de la comercialización de productos virtuales, como sucede con el alcohol y el juego”, dijo Reed al sitio web PsychCentral.

El estudio, realizado por científicos y clínicos del Reino Unido e Italia, involucró a 144 participantes, de entre 18 y 33 años, que tenían su frecuencia cardíaca y su presión arterial medida antes y después de una breve sesión en Internet.

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